Opinión: “Censura política”

Bittor Abarzua, bibliotecario en paro

Durante los años 2008-2009 realicé un título universitario sobre estudios vascos a través de la Fundación Asmoz. El trabajo de investigación que presenté como “Piruxak Nafarroan: zentsurari buruzko ikerketa 1979-2009” intentaba analizar el fenómeno de la censura después del régimen franquista y recopilar los casos asociados a la censura en Navarra. Quisiera trasladar alguna de las conclusiones de dicho trabajo.

A mi modo de ver, la censura adopta formas de prohibición en la legislación y actuación judicial actuales. En el ámbito político de lo que denominamos conflicto vasco, pretende camuflarse en conceptos definidos por aquel plan tercermundista diseñado para el ámbito de Euskal Herria llamado Zona Especial Norte (todavía vigente). Entonces se refleja claramente como lo que es, la forma ideológica represiva que adopta dicho conflicto, dando así constancia de su substantividad y de su realidad. Es una extensión del mismo en los medios, en la comunicación y en la información, para un fin político: silenciar, en definitiva, a los que no piensan como uno.

De los casos que recopilé algunos son abruptos, diáfanos y tan directos como los que se producían en el franquismo: podríamos recordar la época del Libro rojo del cole de Soren Hansen y Jesper Jensen, ¡A ver! del alemán Zeig Mal o, muy posteriormente, los casos relacionados con la época del alcalde de Pamplona Alfredo Jaime y la concejal Maribel Beriain Luri, apodada “martillo de herejes”, ambos de UPN: los cómics censurados en el VI. Concurso de Comic en Euskara por “contenidos violentos, desnudos y mensajes seudopolíticos” o la obra “Autorretrete” de Mikel Urmeneta, entre otros. Es un ambiente censor que seguía tomando la opinión pública de forma densa igual que en el régimen anterior. No podemos olvidar que por ejemplo Rodolfo Martín Villa, vinculado al Sindicato Vertical, con la cartera de Gobernación desde 1976 a 1979 (UCD) y senador de las Cortes Generales a partir de 1977 ha sido en varias ocasiones acusado de haber dado orden de quemar documentación del franquismo según investigaciones de Montse Armengou y Ricard Belis. En entrevista realizada al historiador Emilio Majuelo Gil confirmó que la documentación del Gobierno Civil de Navarra fue quemada basándose en la información dada a él por responsable de aquel archivo en 1978, esto es, que cumplieron la orden dada por el citado político de UCD a cargo del Ministerio del Interior. El post-franquismo quería atar y atar bien.

Otros tienen un recorrido más sofisticado y se intentan revestir de legalidad: por ejemplo el cómic “Jamón de Gorrión” de Simonides, la retirada de la exposición “Liburu bat egiten-Cómo se hace un libro” de la Ciudadela por la aparición en ella del archipremiado escritor bizkaino Joseba Sarrionaindia Uribelarrea, ex-miembro de ETA, lo problemas con el libro-informe “Navarra 1936: De la esperanza al terror” de la Fundación Altaffaylla, etc, etc.

Hay bastantes casos de censura o de “represura” cultural (término creado por el editor José Andrés de Blas) en Navarra y bastantes de ellos están relacionados no sólo con la cultura y la política; muchos se relacionan con la sexualidad, el aborto, el VIH y temas de ese universo conceptual. “Navarrra”.

Uno de lo mayores expertos en la cultura y la censura en Euskal Herria, Joxe Mari Torrealday, víctima a su vez de un de los casos más flagrantes de la historia moderna de la censura, aseguraba en una entrevista antes del cierre del periódico Egunkaria lo siguiente: “la censura que puede haber ahora y la que habrá de aquí en adelante, son muy distintas a la censura del franquismo. Entonces había un aparato, un aparato administrativo destinado directamente a orientar el pensamiento. Hoy en día no hay nada parecido”. En mi opinión, son muchas las similitudes de aquella censura y la censura de hoy en día y me cuestiono si realmente no existe un aparato, bien sea legal o administrativo, aunque esté disuelto en la densa mentalidad político-judicial del aparato moderno, por una simple razón de perspectiva.

Efectivamente durante el régimen dictatorial había un aparato especializado en ello (muchas veces un cura también), un expediente; y en el actual régimen, es una actuación ejecutiva compartida entre el aparato policial o militar y el judicial; impulsada, en ocasiones, por el aparato político. El caso de Egunkaria sería de estas características. El expediente del hombre gris franquista sustituido por el oficio de un capitán a un juez instructor que cierra un periódico en virtud del consabido discurso “todo es ETA”. ETA es Dios, como diría con pesadumbre Torrealday.

La censura en la época de Franco también es política, es una práctica habitual, y, en la medida que lo cubre todo, es una práctica normalizada, cotidiana, que muchos ven como parte de una forma de hacer política (en el post-franquismo también), que es así porque es así. Tan normalizada popularmente (como quien se ha acostumbrado a ver que los poderosos se lucren) como en los medios intelectuales resistentes al régimen; pues en ellos se dio, a pesar de su honesta lucha, lo que se denominó como auto-censura. Un régimen censor, claro está, marca lo que está prohibido en política. En un régimen así está prohibido todo aquello que se opone a la imposición del régimen. Todo esto da lugar a la evidente comparación: por un lado la facilidad con la que posteriormente a 1979 se han cerrado medios de comunicación y por otro lado la complacencia de los acólitos del propio régimen. Fue el periodista conservador Luis María Anson (director de los periódicos ABC, La Razón y El Imparcial) quien se expresó en contra del cierre de Egin, lo que dice mucho de su talante. En cualquier caso, el fin de la censura es siempre el mismo: información monocolor (producto de la concentración capitalista de la información) y silenciamiento del punto de vista del otro. Pero, a pesar de la complejidad y sofisticación de la censura del siglo XXI, no deja de ser llanamente censura. Esa tendencia humana, ese tic, a hacer callar al que no piensa como tú. Antes previa, hoy “cautelar”.

Creo que no sabemos hablar ni dialogar, no nos lo ensañaron, y, justo lo que hemos aprendido siempre es todo lo contrario. Somos poco catalanes, un poco vikingos. Y los españoles, también. Porque, puestos a hacer autocrítica y desaprender, hay que entender que la censura es efectivamente una práctica que sobretodo y de manera penosa se da desde los poderes institucionalizados, desde los económicos también; pero no es exclusiva de ellos, quien ha ejercido el contrapoder, se ha visto arrastrado o tentado por ella. La censura, que habitualmente proviene del poder establecido y circula hacia los demás, es paranoica y contagiosa.

La censura no para. Su maquinaria publicitaria se esfuerza en hacernos ver la falta de libertad de expresión, la censura, como algo normalizado (uno de sus elementos de sofisticación). El ejercicio no ético del poder se asienta precisamente en el control de la información, de lo que se dice y lo que no se dice. Frente a la transparencia y la libertad de expresión. De ahí, que los periódicos Gara y Berria no estén en las bibliotecas públicas de Navarra, que los documentales sobre la CAN no gusten al alcalde de Iruñea o que un medio de comunicación como Ateak Ireki sea cerrado una vez más con el discurso especial norte. Todo lo cual habla del éxito informativo de los medios censurados. Efectivamente, Ateak Ireki podría ser uno de los medios de comunicación que desestabilizan el sistema de control de la información de UPN en Navarra por ejemplo; lo que, tal vez, es parte del histórico rédito electoral de este partido.

La libertad de expresión y de opinión es un derecho que tendría que disponer todo el mundo y ser pleno por encima de imposiciones. Nadie es su dueño ni su representante oficial; nadie debería suplantar la libertad de cada uno en nombre de otro, y al mismo tiempo, es responsabilidad de todos defender la libertad de los demás. Hablemos y aprendamos a hablar sin excluir a nadie, sin silenciar la palabra. Si realmente, hay separación de poderes, es hora ya de que lo militar no mande sobre lo político. Es hora ya del final del conflicto. No más censura.

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